sábado, 23 de noviembre de 2013


CÓMO SACAR FOTOS SIN CÁMARA

Cojo mi cámara y sin quitar la tapa del objetivo abro mentalmente el diafragma. Lo hago despacio y con precisión. Fuera está amaneciendo y capturo el ambiente con la cámara más poderosa, la imaginación.

El diafragma y la velocidad experimentan múltiples cambios. Múltiples fotos. Múltiples escenas e imágenes se van mezclando en mi mente, creando la fotografía perfecta y que no hubiera podido ser atrapada de otro modo.

De repente, una foto perfecta se presenta ante mí, pero la batería está sacada del aparato. La vecina de abajo ha derramado sus bolsas de la compra y algunos de sus complementos al reparar en que su perro se ha soltado de su mano y trata de escapar. La escena es cómica y me hubiera encantado que mi Canon la hubiera dibujado en su memoria. Debido a la iluminación del pasillo, mi mente baja la velocidad, abre un poco más el diafragma y aumenta solo un poco el ISO.

En la calle el día es frío, llueve. Es el momento perfecto para que la profundidad de campo haga de las suyas. La nitidez se aprecia perfecta en la hoja con las gotas de agua, pero el fondo es inimaginable.

A medida que va entrando la tarde, todo se llena de fotos abstractas. Muevo mi cámara de un lado para otro, creando formas y figuras indescriptibles e irrepetibles. Con una velocidad muy lenta y de nuevo, jugando con el diafragma.


Tras llegar a una serie de fotos que ni el propio fotógrafo que las tomó sería capaz de repetir, meto la batería llena en la cámara y, a continuación, la apago.

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